DIARIOS DE CINE: EL CINE EN PALABRAS DE GUILLERMO DEL TORO

 

A lo largo de su carrera Guillermo del Toro ha dado varias entrevistas que nos dejan ver un poco más sobre su cosmovisión sobre el oficio del cineasta. Lo que a continuación leerán es una edición especial de varias de ellas en las cuales el director tapatío abordo el tema de realización cinematográfica mientras también hace un repaso por su carrera.

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A fuerza de necedad -porque “si no eres necio, no eres director de cine”, según sus palabras-, Guillermo del Toro ha labrado una carrera sobresaliente con películas honestas que reflejan su adoración por los seres fantásticos y las historias sencillas pero hermosas, cuyos personajes encarnan la lucha entre el bien y el mal. De hecho de niño, les hizo una promesa a los monstruos que, en sus pesadillas, lo despertaban: “dedicaré mi vida a ustedes si me dejan en paz”. Entonces agarró una cámara Super 8 y comenzó a crear historias que abrieron el camino hacia una carrera cinematográfica sencillamente espectacular. Fiel a su fascinación por la literatura fantástica, Guillermo Del Toro trazó con su propio lápiz los personajes que él mismo quiso compartir al mundo.

Para celebrar que esta semana el afamado cineasta tapatío cumplió 53 años, a continuación les presentamos una reedición de diferentes entrevistas que el director ha dado a lo largo de los últimos años y en las cuales, más que nada a abordado el tema de realización cinematográfica y lo que el séptimo arte significa para él. Sin lugar a dudas una magistral clase de cine.

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Entrevistador: ¿Para qué debe servir el cine?

Guillermo Del Toro: Su función principal es narrar historias, pero que éstas refieran a algo más allá de la anécdota no es función del medio, sino del narrador.

Entrevistador: El cine es un medio para contar nuestra historia. ¿Cree que las historias puedan ayudarnos a sanar el alma?

Guillermo Del Toro: Sí. Totalmente. Por ejemplo la relación del latinoamericano y el chiste. De cómo el latino cuenta las historias de los personajes políticos y sociales. Nosotros dependemos totalmente de la narrativa para sobrevivir. A lo mejor no podemos tumbarlos, pero podemos hablar de ellos. A lo mejor no podemos cambiarlos, pero podemos cambiar sus historias. Y la capacidad de fabular nos salva el pellejo en los momentos más difíciles, lo que, ciertamente, fue mi caso.

Entrevistador: ¿Cuál consideras que es el espíritu general de tus cintas?

Guillermo Del Toro: En una película mía, el espíritu puede ser gentil o agresivo. Quizá es esperanzador o de melancolía y pérdida, como lo quieras definir. Por ejemplo, Cronos [1993], El espinazo del diablo [2001] y El laberinto del fauno, manifiestan una melancolía muy grande, pero a la vez una gran esperanza. El espíritu de Hellboy es profundamente bondadoso, lo que se repite en Pacific Rim.

1393113_527281587348023_964603767_nEntrevistador: Pero también eres conocido por hacer reflexiones históricas en tus filmes.

Guillermo Del Toro: Lo que trato de hacer en mis películas es hablar de lo que pienso continuamente: creo que todos juntos, como humanidad, podemos librarla; separados, no. Ésa es la idea detrás de Pacific Rim.

Entrevistador: ¿Intentas salvar al mundo?

Guillermo Del Toro: El otro día hablaba con un amigo de este tema. Le decía que las películas en donde se muestra todo este rollo de preservar al planeta, casi siempre dejan la impresión de querer rescatar el establishment. En Pacific Rim no estamos salvando al gobierno o a las instituciones, sino a los humanos, los unos a los otros. De hecho, hacemos hincapié, a lo largo de la cinta, en que todos los políticos son una bola de pendejos.

Entrevistador: ¿Piensas en la audiencia?

Guillermo Del Toro: Por el contrario, pienso en mí. Creo que si a mí me gusta lo que hago, le podrá gustar a alguien más. Por ejemplo, hay a quienes les gustó Hellboy [2004] y El laberinto del fauno [2006], pero a otros solo una de ellas y algunos más odiaron ambas. Al único que le fascinaron, de principio a fin, fue a mí. Así debe pensar un director de cine.

Entrevistador: Usted es una persona muy creativa. ¿Alguna vez ha sufrido el llamado “bloqueo de escritor”?

Guillermo Del Toro: Muchas veces. Y cuando lo hago, si estoy en mi casa de California, me encierro en mi “habitación de la lluvia”, que construí y diseñé para tratar de recuperar a mis musas. El cuarto está hecho para que se sienta que es de noche todo el tiempo, y tengo una ventana donde llueve todo el día. Escribir es 10 % creatividad y 90 % transpiración, por eso me fuerzo a escribir todos los días.

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Entrevistador: A lo largo de los años ha forjado un sello distintivo en su cine, donde más allá de las criaturas fantásticas, siempre hay una intención de anclar esas metáforas de cuento en un mundo creíble.

Guillermo Del Toro: Siempre he pensado que toda película debe tener su contexto político. Los individuos no pueden caminar sus calles sin que haya instituciones que deseen decidir por ellos, controlarlo o legislarlo todo. Muchos de mis personajes son rebeldes a ser controlados, incluso si ves El laberinto del fauno, verás que la niña es desobediente hasta con el fauno mágico y eso es porque es el reflejo de su libertad. Ella debe hacer lo que se le antoje. Lo mismo me sucede cuando diseño un personaje, que le imprimo el rigor de hacerlo funcional en el universo al que pertenece. Por ejemplo, para Gigantes del Pacífico me basé en mi estilo de dibujar de niño, cuando me gustaba diseñar a los robots de dentro hacia fuera. Me decía en ese entonces: “Aquí es donde yo dormiría, este es el pasillo que conecta a la cocina, este el tanque de gasolina, así es como la transmisión funciona, etc.”. Ahora, con mi equipo de diseño de personajes y efectos visuales, pregunto sobre los robots: ¿Dónde está su generador de poder?, ¿cómo puede agotarse su batería? Y si usan energía solar, ¿cómo recargan?

Entrevistador: Produce, escribe y dirige. Sus huellas están en varios sitios de Hollywood y la arena del cine latinoamericano, ¿no está saturado de trabajo?

Guillermo Del Toro: Soy un adicto al trabajo. Así ha sido toda mi vida, desde Cronos. Recuerdo que a la par de esa película atendía nuestra compañía de efectos especiales y hacíamos una cinta para Paul Leduc. No conozco otra manera de trabajar más que con muchas cosas al mismo tiempo. Si no estoy con mi esposa, duermo entre dos o tres horas, pero con mi esposa, ella es mi sedante, duermo entre cuatro y seis horas.

Entrevistador: Eso lo coloca en los horarios de varios artistas o científicos que no tienen muchas horas de sueño…

Guillermo Del Toro: No soy un tipo normal. Nunca podría serlo. Cuando crecí, algo se dobló, algo se rompió dentro de mí. Es un vacío que no se puede parchar. Incluso con años de terapia. Pero, cualquiera que sea ese vacío, es lo que empuja mi vida. Y no puedo esperar tener una vida normal. Claro que yo mismo me comisiono a ser un buen hombre, pero entre las limitaciones de quien soy. Para mí la vida real es un set de filmación. La criatura de Frankenstein es más real que muchos de mis primos. Lo conozco mejor que a varios familiares. Sé más de la criatura de la Laguna Verde que de mi tío. ¿Que si eso está bien? ¿Que si es el modelo a seguir? ¡Qué se vayan al carajo! Eso es quién soy yo. Mi trabajo es la vida real. Todos esos proyectos en los que me involucro son la vida. Son los que me sostienen. Así que nunca diría: trabajo demasiado.

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Entrevistador: ¿Eres necio para trabajar?

Guillermo Del Toro: Si no eres necio, no eres director de cine. Debes tener licencia para matar.

Entrevistador: ¿Qué es lo más importante para ti cómo director? ¿La técnica o la historia?

Guillermo del Toro: Para un director hay dos historias importantes: la literaria, es decir, los guiones como tal, que tienen que ser, para mí, un universo muy, muy personal. Y la otra historia de la misma película es la parte formal, el llevar la narración a la pantalla, que también cuenta las mismas cosas de ti como realizador. La escritura del cine no es sólo el guión, sino la dramaturgia. Es el guión, la cámara, el color, la textura, la forma, el movimiento, la dirección de arte y demás elementos. Todo esto es el cine. En mis películas hay un universo tanto visual como de inquietudes y de historias que sí me importan, que son personales. Mi cine es fetichista en forma inevitable, porque todos los gordos somos fetichistas, aunque algunos lo nieguen. Es importante que seas fiel a tus impulsos.

Entrevistador: ¿Te transformas en un set?

Guillermo Del Toro: Si vas a cenar a mi casa, si me ves en el set o si me estás entrevistando, soy la misma persona. No soy un director al que le guste transformarse. Hay colegas que se comportan como bebedores y cambian de personalidad según el ambiente. Yo soy el mismo en todos los casos. Hasta cuando bebo soy el mismo.

1384025_527283307347851_1677333428_nEntrevistador: ¿Cuál es tu método para que los actores te hagan caso al dirigir?

Guillermo Del Toro: Solo estoy atento a ver qué necesita o requiere cada uno de ellos. Puede ser un buen grito, un consejo, una palmada, ¡o hasta una patada en las nalgas! (risas)

Entrevistador: Ok, anotado.

Guillermo Del Toro: ¡Lo de la patada, no! A un director le remarcaría que nunca le dé a su actor algo que pensar en una escena. Antes de filmar es válido hacerlo reflexionar, pero en la escena hay que darle algo que hacer, una instrucción clara.

Entrevistador: Seguramente repites muchas tomas.

Guillermo Del Toro: Tengo actores que lo hacen bien en la tercera toma, mientras que otros lo logran hasta la número 20. Por eso necesitas planear mucho, para que, cuando estén juntos en el set, las cosas funcionen.

Entrevistador: Eres muy cuidadoso en la filmación, ¿no te preocupa el marketing de la película?

Guillermo Del Toro: Estoy metido en todo el marketing, desde los tráilers hasta los pósters y la promoción. Cuando haces una película, el trabajo nunca se acaba. Ahorita estamos haciendo un transfer de El espinazo del diablo para The Criterion Collection, ¡y esa película es de 2001! Doce años después todavía checamos el sonido, revisamos el video y demás.

Entrevistador: ¿Cómo ve al cine de México en la actualidad?

Guillermo Del Toro: Soy parte del cine mexicano como productor ahora. Me siento muy contento de haber apoyado también la ópera prima de Celso García, La delgada línea amarilla. Creo que el cine mexicano es muy sano porque constantemente se está reinventando a sí mismo. Venimos de tener antecedentes complicados, porque el cine no es prioridad en México. Todo lo que se haga es para que pueda mantenerse vivo. Cada generación ha reinventado el cine nacional. La generación que vino antes que nosotros es muy distinta a la mía, y a la que está activamente en México ahora. Hay mucha variedad. Cada año, México estrena como 20 películas, pero son tan diferentes que se tiene la sensación de que están produciendo miles de películas con muchísima variedad de temas y personajes.

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Editor: Jonás Axel
Investigación: Samuel López
Fuente: El Tiempo, Esquire, Revista Pantalla
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