LA ERA DEL CINEMATÓGRAFO: LA HISTORIA DEL SEXO EN EL CINE

De besos, caricias y orgasmos. La relación entre el cine, el erotismo y el sexo siempre ha estado rodeado por polémicas más o menos absurdas. Sin embargo, la evolución del sexo y el erotismo en el cine ha sido constante pese a la multitud de obstáculos que ha ido encontrando con el camino. A continuación les ofrecemos una breve historia del cine erótico y un repaso a sus principales filmes que marcaron un antes y un después en la sexualidad cinematográfica.

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EL INICIO DEL EROTISMO

No es nada nuevo que existan historias donde los protagonistas se tengan que desnudar; ya en 1880 Eadweard Muybridge, comenzó a experimentar con sesiones fotográficas de modelos desnudos. Seis años más tarde, surgiría la primer cinta censurada de la historia: Fatima’s Coochie-Cooche Dance, debido a los “movimientos sugerentes” de la bailarina. Ese mismo año, se estrena The Kiss; una de las películas mudas más importantes de todos los tiempos. Con una duración de medio minuto, mostró por primera vez un beso en el cine. Como era de esperarse, este evento provocó movimientos de ética en la industria cinematográfica, además de ser tachada de “inmoral”.

01Encontramos otros ejemplos a lo largo de la historia, destacando el surgimiento de la primera femme fatale de la industria: Theda Bara, quien utilizaba su sexualidad como carta de presentación. Ella filmó la película “A Fool There Was”; cinta que le otorgó dicho título.

Aunque, como en todo, el concepto se va desvirtuando. Poco tiempo después el séptimo arte toca el tema de la prostitución con el filme “Traffic in souls” (Dir. George Loane Tucker, 1913) pero es hasta 1915, que se exhibe, exclusivamente en clubes para caballeros, la que se considera la primera película pornográfica de la historia: A Free Ride.

Los avances fueron bastante tímidos durante el cine mudo, ya que la moralidad de la época provocaba que estallara la polémica a la mínima, valga por ejemplo el hecho de que la carrera como director del gran Erich Von Stroheim quedó herida de muerte por haber rodado escenas del filme “Queen Kelly” (1929) en un auténtico burdel. Pero no todo fue polémica, de esta primera etapa cabe resaltar filmes como “Michael” (1924) del director Carl Theodor Dreyer y el cual ampliamente considerado como un hito en cine gay mudo.

LA CENSURA DEL SEXO

Llegan los 30’s y el sonido al cine pero también la implementación del temido Código Hays, un sistema de autocensura que limitó la libertad de Hollywood a la hora de mostrar muchas cosas, entre ellas el sexo en el cine. Antes de que entrase en vigor a pleno funcionamiento, Mae West se aprovechó de su debilidad para convertirse en todo un referente sexual durante la primera mitad de los años 30 gracias a títulos como “She Done Him Wrong” (Dir. Lowell Sherman, 1933) o “I’m no Angel” (Dir. Wesley Ruggles, 1933), pero de quien también se recuerda la legendaria frase: “¿Llevas una pistola en el bolsillo o es que te alegras de verme?”. A pesar de la implementación del código Hays, hubo algunos adelantos en cuanto a la representación del sexo en el cine, como fue el caso de “Ekstase” (DIr. Gustav Machatý, 1933), la primera cinta convencional en abordar directamente el sexo que fue confiscada en su momento por las autoridades de Estados Unidos. Volviendo al cine americano, títulos como “Cleopatra” (Cecil B. Demille, 1934) potenciaron de forma notable su contenido erótico, pero poco tardaría en llegar una represión mucho más férrea que hizo que títulos hoy poco conocidos como “Sex Madness” (Dwain Esper, 1938) tuviesen infinidad de problemas, en este caso concreto por aspectos como mostrar relaciones promiscuas o dar a entender una relación lesbica, todo un tabú por aquel entonces.

Una de las reglas del código Hays es que los besos mostrados en pantalla no podían durar más de tres segundos, pero hecha la ley, hecha la trampa. Alfred Hitchcock, que ya había tenido algunos problemas años antes con “Rebecca” (1940), fue el que mejor esquivó esa ridícula norma con el mítico beso a trocitos entre Cary Grant e Ingrid Bergman mostrado en “Notorious” (1946). El código empezó a dar ciertas muestras de debilidad a finales de los años 40, lo cual llegó a una notable revisión del mismo en 1951 con el objetivo de fortalecer sus bases. Justo ese mismo año se estrenaba “A Streetcar Named Desire” (Dir. Elia Kazan, 1951), cinta en la que hubo que hacer 12 cortes que sumaban cuatro minutos de metraje para aligerar sus momentos más provocativos con el objetivo de recibir la aprobación necesaria.

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LA APERTURA DE LA SENSUALIDAD

La retirada de Joseph Breen en 1954 puede verse hasta cierto punto como el comienzo del fin para el código Hays, ya que era uno de sus más férreos defensores y llegó en un mal momento, pues apenas un año antes de lanzaba el primer número de la revista Playboy con Marilyn Monroe en portada. Hasta aquel entonces resultaba prácticamente inimaginable que una estrella de Hollywood hiciera algo así. También fue la época en la que Bettie Page, una célebre modelo pin-up, participó en tres largometrajes de marcado contenido erótico, aunque a la hora de la verdad poco o nada se enseñaba. En 1953 se estrena “Glen or Glenda”, la cinta de Ed Wood que abordaba de forma directa el travestismo.

También conviene reseñar el caso de “Garden of Eden” (Dir. Max Nosseck, 1954), una cinta que argumentando que se trataba de un documental naturista logró superar la barrera moral tras ser prohibida por indecente poco después de su estreno. No obstante, hay que volver a mirar a los márgenes de Hollywood y al cine extranjero para encontrar los grandes logros de esos años, aunque sus responsables no siempre se beneficiarán de su audacia. Conocido es el caso de que “Peeping Tom” (1960) prácticamente destrozó la carrera como director del prestigioso Michael Powell, ya que su brillante retrato del voyeurismo estaba demasiado adelantado a su época, lo cual provocó que su calidad no se valorase como se merecía hasta varias décadas después. Mientras que el gran director español, Luis Buñuel, en su cine mexicano era todo un experto en hacer melodramas a partir de las paranoias sexuales de los obsesos, como en Él (1952) o en Historia de un crimen/La vida criminal de Archibaldo de la Cruz (1955). Pero probablemente el caso más célebre sea el de Russ Meyer, quien se atrevió incluso a promocionar “The Immoral Mr. Teas” (1959) prescindiendo de la excusa naturista. ¿El resultado? Fue la primera producción softcore que superó el millón de dólares de recaudación -todo un logro cuando apenas había costado 25.000 dólares- y Meyer tomó buena nota de ello para el resto de su carrera tras las cámaras.

La aparición de la televisión y el interés creciente hacia producciones extranjeras que abordaban temas que parecían imposibles de ver en un título de Hollywood fueron los principales culpables de que el código Hays cada vez se viera más como un obstáculo en lugar de una guía a la hora de elaborar sus películas. Eso sí, el matrimonio interracial de “Island in the Sun” (Dir. Robert Rossen, 1957) o el adulterio de “Les Amants” (Dir. Louis Malle, 1958) aún desataron infinidad de quejas, llegando a retrasarse durante varios años el estreno de la segunda por ese motivo.

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LA MAREA ERÓTICA

El código Hays ya estaba herido de muerte a mediados de los 60, pero la Legión Católica de la Decencia aún tuvo tiempo para condenar públicamente a “Kiss Me, Stupid” de Billy Wilder (1964) por abordar las relaciones extramatrimoniales. Mientras que “Flaming Creatures” (Dir. Jack Smith, 1963), una cinta de corte experimental que no se cortaba a la hora de mostrar la homosexualidad de diversas formas, provocó su incautación por parte de la policía al ser considerada una obra obscena. Llama la atención que también fuera ese el año del estreno de “Promises! Promises!” (Dir. King Donovan, 1963), la primera cinta americana que mostraba desnuda a una actriz realmente conocida por el público, Jayne Mansfield. Pero la última gran batalla antes de la entrada en vigor del MPAA fue con “I’ am Curious” (Dir. Vilgot Sjöman, 1967), una escandalosa producción sueca que fue prohibida por obscena antes de que pudiera estrenarse en cine alguno de los Estados Unidos. Tras varias apelaciones, “Soy curiosa” pudo llegar a los cines y se convirtió en un gran éxito al recaudar más de 5 millones de dólares en poco más de seis meses y se alzó como la película de lengua extranjera más taquillera en Estados Unidos, título que mantuvo durante más de dos décadas. El hecho de ser la primera película no destinada a los cines pornográficos en mostrar abiertamente relaciones sexuales fue, sin duda, la gran clave de su éxito.

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LA REVOLUCIÓN SEXUAL

En 1968, la Motion Picture Association of America (MPAA) introdujo un sistema de calificación por edades por el cual las películas eran clasificadas para todas las edades (G), para adultos y menores de 16 años según el criterio de los padres (M), prohibidas para menores de 16 años que no estén acompañados por un adulto (R). Además, por petición de la asociación de propietarios de cines se introdujo también la calificación X, es decir, aquellos títulos que solamente podrían ver los mayores de 18 años. El truco estaba en que los propios productores podían adjudicarse la calificación X sin la necesidad de la aprobación de la MPAA, por lo tanto, no es de extrañar que cuando por fin se crea el sistema de clasificación por edades y todo tipo de cine se puede exhibir legalmente, la oleada de erotismo de los años 70 llegue principalmente de Europa, sobre todo de sus dos industrias cinematográficas más fuertes, Francia e Italia. En este aluvión se puede encontrar absolutamente de todo: películas comerciales como Bilitis (Dir. David Hamilton, 1977), adaptaciones de clásicos de la literatura erótica como “Histoire d’O”, (Dir. Just Jaeckin, 1975), Casanova (Federico Fellini, 1976) o “Salò” (Dir. Pier Paolo Pasolini, 1975), títulos muy personales de los más prestigiosos autores de la época, como Bernardo Bertolucci (El último tango en París, 1973), Luis García Berlanga (Tamaño natural, 1977), Nagisha Oshima (El imperio de los sentidos, 1976), Marco Ferreri (Adios al macho, 1976) o Pier Paolo Pasolini (Las mil y una noche, 1974), cine sensacionalista con pretensiones de vanguardia como “Il portiere di notte” (Dir. Liliana Cavani, 1974) o las primeras obras del español Bigas Luna (Caniche, 1979) y, por supuesto, una retahíla infinita de secuelas, imitaciones, subproductos y sub-subproductos. Pero el pináculo de todo esto fue el filme “’Deep Throat” (Dir. Gerard Damiano, 1972), una cinta que disparó la popularidad del porno al ser la primera producción relevante de estas características que incluía argumento y algo similar al desarrollo de personajes. Su enorme éxito trajo a primera línea esta tipo de cine durante un breve periodo de tiempo, ya que consiguió que otro tipo de público mostrase su interés hacia él. No fue sin dificultad, ya que fue prohibida en multitud de lugares.

Este coqueteo de Hollywood con el cine pornográfico llegó a traer consigo hechos hoy totalmente imposibles como que la película adulta “Forced Entry” (Dir. Shaun Costello, 1973), donde un veterano de Vietnam se dedicaba a violar y matar a chicas al azar, contase con un remake “convencional” apenas dos años después al que todo el mundo podía acceder, aunque los menores de 17 años tenían que estar obligatoriamente acompañados por algún adulto. Sin embargo, fue la cinta francesa “Emmanuelle” (Dir. Just Jaeckin, 1974) la que mejor supo aprovecharse de esta popularidad del cine adulto con una aproximación algo más suave, alcanzando una popularidad sin precedentes en Francia -aún hoy es una de las películas más exitosas de dicho país-, una de las claves para que Columbia aceptase que fuese la primera producción X distribuida por ellos en Estados Unidos. Sylvia Kristel, su protagonista, se convirtió en una estrella y la película en el inicio de una lucrativa saga en la que el contenido sexual fue en aumento.

Hay que señalar también que en la marea erótica de los 70 dan sus primeros pasos, en Holanda y Canadá respectivamente, dos nombres fundamentales del fantástico moderno: el primero, Paul Verhoeven, más comercial, llevó a cabo en 1973 el mayor éxito de toda la historia del cine holandés, “Turks Fruit” (1973), separando el cine erótico del fantástico, mientras el segundo, David Cronenberg, más experimental, los ha mezclado desde su primera película, “They Came from Within” (1975). El sexo y los desnudos también fueron decisivos para el éxito de cintas como “Ilsa: She Wolf of the SS” (Don Edmonds, 1975) o la trilogía “The Happy Hooker” (1975-1977-1980) de la Cannon, pero la popularidad de estas producciones ya no era la misma que hacía apenas un par de años y el sonado fracaso de “Calígula” (Tinto Brass, 1979), cinta que costó casi 20 millones de dólares y que luego recaudó apenas 23, hizo que el porno abandonase el circuito de exhibición convencional y se convierta de nueva en un tema poco menos que tabú.

De tabúes sabían mucho en Japón cuando se estrenó “El imperio de los sentidos” (‘Ai no korîda’, Nagisa Ôshima, 1976), donde fue exhibida modificando las escenas más polémicas, mientras que en Estados Unidos y Alemania fue prohibida temporalmente. Aún más duro fue el trato recibido por “Saló, o los 120 días de Sodoma” (‘Salò o le 120 giornate di Sodoma’, Pier Paolo Pasolini, 1975), ya que gráfico tratamiento del sadismo o la violación por parte de esta adaptación de la novela del Marqués de Sade le valió ser prohibida durante años -o incluso décadas- en infinidad de países.

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EL THRILLER ERÓTICO

La nueva década marca el fin de la era de oro del erotismo; con la llegada del vídeo, muchos adictos al género prefirieron disfrutar de sus estrellas más calientes en la intimidad. Además, la llegada al poder de Ronald Reagan y la aparición del SIDA evitaron que se pudiera hablar del tema con la despreocupación y la alegría anteriores; por otra parte la industria americana se hace más fuerte y el cine europeo entra en una crisis que estuvo a punto de llevarlo a la extinción. El género empieza su crisis y se refugia en sus dos principales bastiones, USA e Italia. En donde se vuelve más interesante el tema gracias a a títulos como “American Gigoló” (Paul Schrader, 1980) por abordar con atrevimiento un tema algo olvidado por el cine mainstream hasta entonces, “Friday the 13th” (Sean S. Cunnigham, 1980) y multitud de otros slashers por volver a poner de moda los desnudos, algo que heredarían poco después las comedias juveniles como “Porky’s” (Bob Clark, 1982), pero no todo fue dar pasos hacia adelante, ya que en “Fast Times at Ridgemont High” (Amy Heckerling, 1982) hubo que eliminar un desnudo frontal masculino y la escena de un aborto para poder evitar ser calificada X.

De la primera mitad de los años 80 también conviene destacar “Cruising” (William Friedkin, 1980), un thriller sobre un asesino de homosexuales protagonizado por Al Pacino que sufrió una infinidad de cortes, pues se calcula que se perdieron hasta 40 minutos del metraje más polémico para conseguir la calificación R, y “Beau-père” (Bertrand Blier, 1981) por contar la historia de amor entre una joven de 14 años y su padrastro, un hombre inestable mentalmente. Mejor suerte tuvo “Betty Blue” (Jean-Jacques Beineix, 1986), cinta que hoy en día sería poco menos que ignorada en muchos países pese a su notable contenido sexual, pero que por aquel entonces triunfó en Francia y Estados Unidos.

Ya presente de forma más o menos habitual en el cine, la utilización del voyeurismo por parte “Blue Velvet” (David Lynch, 1986) es el principal motivo para su inclusión aquí, pero la presencia del sadomasoquismo y de varios desnudos acusados por algunos como gratuitos tampoco hacen daño, aunque ese mismo año también se estrenaba “9½ Weeks” (Adrian Lyne), la producción mainstream más provocativa desde “El último tango en París” que también contó con dos montajes, siendo el más atrevido el destinado para un público europeo más favorable a contenidos más gráficos y provocativos. El erotismo que llevan a cabo los grandes estudios americanos, aparte de ser bastante más suave y menos explícito que el europeo de la década anterior, suele adoptar un punto de vista conservador de asociar sexo con peligro y muerte; de ahí el éxito del thriller erótico, subgénero que descubrió a la gran Kathleen Turner en “Body Heat” (Lawrence Kasdan, 1981), lanzó a Jessica Lange con “The Postman Always Rings Twice” (Bob Rafelson, 1981), y más tarde también a la no menos estupenda Sharon Stone con “Basic Instinct” (Paul Verhoeven, 1992).

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EL VOYEURISMO INDEPENDIENTE

Las dificultades que tuvieron títulos como “Henry: Portrait of a Serial Killer” (John McNaughton, 1986) y “The Cook, the Thief, His Wife & Her Lover” (Peter Greenaway, 1989) para conseguir una distribución normalizada se tradujo en infinidad de críticas hacia la MPAA por su estrechez de miras ante producciones de contenido adulto. Eso llevó a la creación de la calificación por edades NC-17, que prohibía la entrada a los menores de 17 -en 1996 la edad subiría hasta los 18-. La gran beneficiada de ese cambio fue “Henry & June” (Philip Kaufman, 1990), aún hoy la segunda cinta con esa calificación más taquillera en Estados Unidos.

Está claro que es mucho más conocido el hecho de que ese mismo año “Pretty Woman” (Garry Marshall) abordase una historia de amor siendo ella una prostituta. El atrevimiento de cintas como “Bad Lieutenant” (Abel Ferrara, 1992) o “Fatale” (Louis Malle, 1992) palidece en comparación al breve auge de relatos con un fuerte componente sexual que hubo tras el merecido éxito de “Basic Instinct”, hasta Bruce Willis enseñó su miembro viril en “Color of Night” (Richard Rush, 1994), algo poco menos que imposible a día de hoy en una producción con clara vocación comercial. Por desgracia, el público pronto fue perdiendo el interés y el fracaso de “Showgirls” (Paul Verhoeven 1995), que curiosamente ostenta el honor de ser la película NC-17 más taquillera de todos los tiempos en Estados Unidos, finiquitó esa tendencia. El sexo volvía a estar reservado para títulos más pequeñitos, con cintas como “Kids” (Larry Clark, 1995) haciendo de ello poco menos que la única razón de su existencia.

La década de los noventa trajo un resurgir del cine independiente y alternativo, lo que ayudó a que aparecieran algunas películas innovadoras sobre sexo. Uno de los títulos más importantes y pioneros de este renacer fue “Sex, lies and videotapes” (Steven Soderbergh, 1989). El renacer del underground favoreció también la distribución de películas de contenido erótico contadas desde prismas diferentes al punto de vista tradicional del varón blanco cristiano heterosexual. El cine dirigido por homosexuales militantes o queer cinema tuvo un pequeño momento de gloria con el reconocimiento alcanzado por la película, interesante pero sin duda sobrevalorada, “My Own Private Idaho” (Gus Van Sant, 1991).

El cine convencional demostró también un ávido interés por el mundo de la pornografía con títulos como “The People vs. Larry Flynt(” Milos Forman, 1996), un biopic del creador de la revista Hustler, o “Boogie Nights” (Paul Thomas Anderson, 1997), una crónica del mundo de ese tipo de cine a finales de los 70 y principios de los 80. Además, las comedias empezaron a mostrar un mayor interés por temas bastante polémicos hasta hacía bien poco con cintas como “Full Monty” (Peter Cattaneo, 1997). Ya en 1999 coincidieron tres cintas como “Pola X” (Léos Carax), “Romance” (Catherine Breillat) y “Eyes Wide Shut” (Stanley Kubrick) que ampliaron horizontes a su manera. La última, la más conocida por el público con mucha diferencia, por su certero acercamiento al mundo de las orgías, la primera por la utilización de sexo real en pantalla, algo que también utilizó la segunda, cuyo grafismo está considerada la primera producción mainstream en mostrar un pene erecto.

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LA DIVERSIDAD SEXUAL

La década pasada estuvo marcada por ir alternando pequeñas polémicas puntuales como el realismo de la escena de violación de “Irreversible” (Gaspar Noé, 2003) o la contundencia de “Baise-Moi” (Virginie Despentes y Coralie Trinh Thi, 2000) con los intentos por ver hasta qué punto se podía ir más allá en lo que se podía contar en una película pensada para el gran público, ya fuese un biopic del Marqués de Sade como “Quills” (Philip Kaufman, 2000) o la nueva historia de la transición de una adolescente a la madurez como sucedía en “Thirteen” (Catherine Hardwicke, 2003). No faltaron tampoco aventuras más minoritarias como el masoquismo del personaje interpretado por Isabelle Huppert en “La pianiste” (Michael Haneke, 2001) o la relación sadomasoquista entre los dos personajes de “Secretary” (Steven Shainberg, 2003).

Podría decirse que “Brokeback Mountain” (Ang Lee, 2005) fue la película que terminó de afianzar la homosexualidad como un tema aceptable en una cinta destinada al gran público. Mientras que “La vie d’Adèle” (Abdellatif Kechiche, 2013) ha sido la cinta que ha demostrado que puede incidirse en ella sin renunciar a enseñar todo lo que haga falta para retratar lo que supone un encuentro sexual entre dos lesbianas, algo muy comentado en el momento de su estreno. También lo fue “Nymphomaniac” (2013), que volvió a saltar a primera plana con su aún más explícito montaje del director. Y es que el cine de corte independiente hace tiempo que había asimilado ya que podía mostrar en pantalla prácticamente lo que quisiera en relación al sexo, aunque siga habiendo polémicas puntuales como lo sucedido en el caso de “A Serbian Film” (Srdjan Spasojevic, 2010). Por el contrario, en Hollywood se han ido perdiendo libertades con el paso del tiempo y ya hasta un simple cartel puede ser objeto de polémica por mostrar más de la cuenta, siendo algunos canales televisivos de cable el único refugio de libertad para ello, aunque luego no faltan las quejas al respecto.

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Editor: Samuel López & Jonás Axel

Fuente: Blog de cine, Lysa Licencias, Wikipedia, Historia del cine mundial, Revista Mito, Cultura Inquieta, BBC,  Iblog, Vice, Culturizando, JotDown, Zona Cultural Blogspot, Códigos Visuales, Enciclonet 3.0, Biblioteca Negra, Hollywood y el cine erótico.

 

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