FILMOTECA: 10 PELÍCULAS BRASILEÑAS DE CULTO QUE TIENES QUE TIENES VER ANTES DE MORIR.

El cine brasileño tiene su sitio como una de las cinematografías cúspide tanto del continente americano como del mundo, y esta lista pretende reunir las películas que a lo largo de la historia justifican tal merecimiento. Rasgos a considerar en una revisión de lo mejor de su cine son: la implementación del Cinema Novo, una corriente cinematográfica local, con lineamientos reconocibles, que ha tenido impacto en el mundo, la intención de conjugar la realidad social más ignorada del país con propuestas estilísticas frescas, además de gozar de reconocimiento en los principales festivales del mundo. A continuación las diez cintas brasileñas indispensables

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Como siempre los invitamos a que sigan los hipervínculos (texos subrayados), los cuales en están ocasión los llevaran a otros textos relacionados al cine brasileño pero también a las películas que están en la lista y la cuales pueden ver en su mayoría de manera gratuita en Youtube.

10. Bang Bang (Dir. Andrea Tonacci , 1971)

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Cuando el Estado quiso involucrarse de forma mayúscula en el quehacer cinematográfico brasileño, las temáticas duras del Cinema Novo y el hambre de experimentación de los cineastas, tuvieron que mudarse a un circuito de mayor independencia que en la década de los setenta se llamó Cinema Marginal, de la que Bang Bang es una de las principales representantes. A pesar de que es considerada una cinta de culto que se difundió en cine clubes y no tuvo el empuje de clásicos en los sesenta, los críticos que participaron en la consulta de la revista Paisá, la colocaron en su lista de las 20 mejores películas brasileñas de la historia por su frescura visual y su dinamismo. A medio camino entre la comedia y un estilo Nouvelle Vague, sigue siendo una cinta que no ha envejecido y se sigue apreciando por su originalidad que no ahorró en riesgos, lo que los productores veían mal por preferir el negocio.

9. Central do Brasil (Dir. Walter Salles, 1998)

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Como en otros casos de cineastas latinoamericanos contemporáneos, esta película llevó a Walter Salles a ser tomado en cuenta por la industria angloparlante y a poner a Brasil nuevamente en el foco de atención del cine latino, gracias a que fue nominada para el Óscar a Mejor película de habla no inglesa, y ganó en la misma categoría de los premios británicos BAFTA. En fechas recientes su popularidad global no ha decaído, la revista Empire la ubicó como número 57 en su lista de “las 100 mejores películas del cine mundial”, en el año 2010. Es de destacar que esta cinta parece atípica en la lista y en la tradición general brasileña de la marginalidad y la brutalidad, pues es más bien una Road movie altamente emotiva, de trato más amable con el espectador, que narra el viaje de un niño huérfano que anhela encontrar a su padre perdido, acompañado de una mujer madura a la que recién conoce.

8. Carandiru (Dir. Héctor Babenco, 2003)

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De entre toda su filmografía, Babenco consideró Carandiru como su película más realista, por encima incluso de Pixote. Inspirado en el Cinema Novo, decidió filmar en la prisión de Carandiru con actores reales, agregando una joya más a la larga tradición de cine de la realidad marginal en Brasil. La historia tampoco podía dejar de ser verdadera, y está basada en el libro “Estação Carandiru”, del Dr. Drauzio Varella, un médico cuya intención fue hacer exámenes de VIH a los internos, con la dificultad de ser Carandiru una de las prisiones más grandes y violentas que hayan existido en América Latina. Sentando un precedente para “Ciudad de Dios”, el doctor Varella nos introduce a las distintas historias de algunos de los presos que fallecieron en un brutal motín que ocurrió realmente en 1992, y que dejó la escalofriante cifra de 111 muertos, de los cuales 102 fueron adjudicados a la policía. Tras la filmación, la prisión fue demolida.

7. Ciudad de Dios (Dir. Fernando Meirelles, 2002)

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Tiene su lugar ganado por ser la cinta brasileña contemporánea más celebrada por el público y la crítica no sólo de Brasil, sino del mundo. Su calidad es tal que el medio cinematográfico de habla inglesa la arropó, incluso promocionándola como la “Goodfellas” brasileña, y permitió que Fernando Meirelles entrara al mundo de Hollywood y los Óscares, además de que las revistas Empire y Time la incluyeron en sus respectivas listas de las mejores películas de todos los tiempos. Su fama mundial se debe a que Meirelles logró retratar con toda fidelidad y un estilo visual brutal, la realidad criminal de una favela auténtica ubicada en Río de Janeiro en la década de los sesenta, para lo que reunió un elenco de habitantes legítimos del lugar, sin ningún antecedente en la actuación profesional, liderado por Aleixandre Rodrigues, intérprete de Buscapé, nuestro guía en la historia, a quien de hecho la producción le permitió operar cámara en la escena donde muere Zé pequeño (Leandro Firmino).

6. Tierra en trance (Dir. Glauber Rocha, 1967)

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Imposible no repetir a Glauber Rocha, con ésta la segunda película incluida en su trilogía iniciada con “Dios y el diablo en la tierra del sol”, que es también fundamental en la historia del Cinema Novo. Gracias a que su historia habla de un personaje inmiscuido en la guerra política de un país inventado, es esta cinta la que quizá más claramente representa la ideología que en 1965 Rocha expuso en un manifiesto llamado “Estética del hambre”, que pretendió en las artes y el cine desvincularse del establishment Hollywoodense, y en lo social declarar la independencia intelectual de las potencias extranjeras. La película fue maltratada por la crítica oficial local y censurada por el gobierno al considerar que daba una mala imagen de Brasil, pero una protesta de intelectuales brasileños y europeos, logró que se exhibiera en Cannes, donde contendió por la Palma de Oro y recibió el premio FIPRESCI.

5. Vidas secas (Dir. Nelson Pereira dos Santos, 1963)

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Nuevamente el Cinema Novo aporta una de sus joyas a esta lista, con este filme clave de la corriente, basado e la novela del mismo nombre escrita por Graciliano Ramos en 1938, y dirigido por Nelson Pereira dos Santos, considerado junto con Glauber Rocha, uno de los genios del movimiento, aunque dos Santos con un estilo menos surrealista, más apegado a la realidad. Tratándose de Cinema Novo, es casi imposible que no retrate las desventuras de un sector marginado, en este caso una familia de campo que por distintos motivos debe trasladarse a nuevos parajes para sobrevivir. La historia es simple y sin mayores artificios, con poco diálogo, más bien interesada en la fuerza visual de sus encuadres, en un tono casi documental, siendo estos méritos los que le valieron acompañar a “Dios y el diablo en la tierra del sol” (1964) en la competencia por la Palma de Oro en el Festival de Cannes el mismo año.

4. El pagador de promesas (Dir. Anselmo Duarte, 1962)

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Está basada en la obra del reconocido dramaturgo Alfredo de Freitas Dias Gomes, y es la única película brasileña en la historia que ha ganado la Palma de Oro por Mejor Película en el Festival de Cannes en 1962, además de que fue la primera película brasileña, y sudamericana, en ser nominada para el Óscar a Mejor película de habla no inglesa. Por su eficaz tratamiento de la identidad rural, se considera una de las películas más importantes de la corriente Cinema Novo, por lo que resulta extraño que en su estreno en Brasil haya sido ignorada, logrando una mayor fama en Europa. La historia narra la travesía de un campesino que se ve obligado a cumplir la manda religiosa de cargar una cruz igual de pesada que la de Cristo, para pagar un favor de salud. En su camino, somos testigos del folclore místico y la dualidad brasileñas más puras, resultantes de la colonización portuguesa y las raíces africanas.

3. Pixote (Dir. Héctor Babenco, 1981)

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Si algo ha caracterizado a la historia del cine brasileño, más específicamente a sus mejores películas, es el constante deseo de retratar la marginalidad social del país del modo más crudo y directo posible, rasgo que “Pixote” maximiza, siendo hasta un antecedente infaltable del clásico moderno “Ciudad de Dios”, al contarnos la historia de Pixote, interpretado por Fernando Ramos da Silva, un niño de once años que debe sobrevivir a un reformatorio y a una posterior vida criminal en São Paulo, rodeado de sórdidos personajes involucrados en drogas, robo y prostitución. El crítico norteamericano Roger Ebert la consideró un clásico y dijo de ella que al ofrecer un retrato infantil tan crudo, conservaba el espíritu del Neorrealismo Italiano. Y sí, el realismo fue tal, que luego de fracasar en su carrera como actor da Silva vivió en situación de calle Real dedicándose al robo, por lo que fue abatido por la policía al supuestamente resistirse a un arresto a los 19 años.

2. Dios y el diablo en la tierra del sol (Dir. Glauber Rocha, 1964)

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Glauber Rocha es recordado no sólo como el máximo representante del Cinema Novo, sino como su fundador y principal teórico, aportando de hecho libros como Revisão crítica do cinema brasileiro (1963), que serviría como guía para el desarrollo estético del movimiento. Trascendió el medio local para colocarse como figura clave del cine de autor latinoamericano gracias a este filme, que los críticos citan como su obra maestra, y en la que reúne lo mejor de corrientes europeas como la Nouvelle Vague o el Neorrealismo Italiano, más el conglomerado de tradiciones religiosas derivadas del mestizaje brasileño, y una vez más, personajes rurales que deben sobrevivir un destino oscuro: Manuel es un peón que tras cometer un crimen huye con su esposa Rosa para iniciar un periplo que los deja varados entre grupos que apelan al bien y otros a la violencia, con una espléndida fotografía y un tono surrealista que recuerda a Buñuel.

1. Límite (Dir. Mário Peixoto, 1930)

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Esta película se queda con el primer puesto por haber sobrevivido durante casi un siglo en la sensibilidad del pueblo brasileño, por encima de movimientos cinematográficos nuevos y de su propio malditismo, ya que fue la única película finalizada por Mário Peixoto, un poeta y novelista que se aventuró en el cine con esta ópera prima extremadamente vanguardista para la época. Globalmente, pioneros de la talla de Orson Welles y Serguéi Eisenstein alcanzaron a verla y declararon su admiración, pero internamente, la generación de cineastas del Cinema Novo Brasileiro, la rescató del olvido y en una revalorización la declararon la primera obra maestra del cine brasileño. En el presente siglo, la revista Paisá la colocó primera entre veinte cintas, tras consultar a críticos brasileños contemporáneos, lo que multiplica su valor, tomando en cuenta que es muda y que está enlazada por imágenes altamente poéticas y flashbacks.

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Texto: Mario Alberto Flores Martínez.

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