LA ERA DEL CINEMATÓGRAFO: LA HISTORIA DE LOS PRIMEROS 50 AÑOS DEL CINE ESPAÑOL

Como señalan los autores del libro Cine español en cien películas (2002), Miguel Ángel Barroso y Fernando Gil Delgado, «la historia del cine español es parte integrante de la historia del siglo XX y no un simple “adorno cultural”… la cronología de nuestro cine es parte de la historia de nuestro país». En efecto el cine es un espejo de la realidad y de la sociedad de la época en que fue realizado. Razón por la cual, a continuación les presentamos un recorrido por los primeros 50 años del cine español. Un viaje que no sólo nos permite conocer la evolución cinematográfica de España sino también su historia social a lo largo de las primeras décadas del siglo xx.  Desde la llegada de esta forma de arte al país hasta su censura durante la posguerra. Sin lugar a dudas una historia del cine que vale mucho la pena conocer.

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La llegada del cine a España

Las primeras exhibiciones cinematográficas en España tuvieron lugar en Madrid en mayo de 1896. Por una parte, el húngaro Edwin Rousby presentó, el día 11 de mayo, en el circo Parish, plaza del Rey, el Animatógrafo, sistema también conocido como Teatrograph, derivado del Kinetoscopio de Edison, modificado por el inglés Robert William Paul.

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Sólo dos días después (13 de mayo) llegarían las imágenes del Cinematógrafo Lumière, que traía Jean Busseret, representante de los inventores lioneses para la Península. Desde 1896, muchos fueron, extranjeros u oriundos, quienes explotaron el nuevo invento por toda la Península: Charles Kalb, Eduardo Moreno, Eduardo Gimeno, Antonio de la Rosa, Juan Minuesa, Alexandre de Azevedo, Joseph Sellier.

Los pioneros del cine español

A Alexandre Promio y la casa Lumiere se le deben las primeras cintas rodadas en España un junio de 1896. A él le siguieron otros extranjeros como William Harry Short, Alexandre de Azevedo. Los primeros españoles que rodaron películas lo hicieron en 1897 como en el caso de Eduardo Moreno o Joseph Sellier. A este último se debe la película desaparecida “El Entierro del General Sánchez Bregua” (junio de 1897).

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Eduardo Jimeno Correas, si bien fue un pionero importante, no llegó a rodar películas hasta el año 1899. Había adquirido un aparato Lumière en julio de 1897 y sólo se conocen rodajes dos años más tarde, como el tan celebrado y famoso “Salida de la misa de doce de la Iglesia del Pilar de Zaragoza”. También rodó otra película a la cual se le ha dado el nombre de “Los saludos”.

La primera película con argumento fue “Riña en un café” (1897), del prolífico fotógrafo y director barcelonés Fructuós Gelabert. El primer director español de éxito internacional fue Segundo de Chomón, que trabajó en Francia e Italia, quien además es considerado el precursor del travelling. Como autor de “El hotel eléctrico”, se le considera, también, el máximo exponente del cine fantástico español, pues sus artificios cinematográficos no tenían nada que envidiar al “descubridor” del género, George Méliès.

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Las primeras productoras y distribuidoras de cine español

En España, la inventiva precedió a la industria, quizás por efecto del rechazo social que el cine concitó entre los más pudientes, si bien sólo inicialmente, porque, desde el momento en que el séptimo arte sugirió nuevas formas de explotación comercial, pronto se puso al servicio del poder.

Albert Marro y Baltasar Abadal formaron un binomio perfecto. Ambos consolidaron la producción y la distribución, y desde un principio, supieron, por lo tanto, conjugar arte e industria. A la fundación de Hispano-Films en 1906, le siguió la construcción de una red de salas de exhibición. Y, Por fin, España se dotaba de una infraestructura cinematográfica. Como no podía ser de otro modo, la producción inicial fue algo artesanal.

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La influencia literaria de las obras de ese período finisecular es notoria, aunque no siempre eran de un gusto elevado, dado que exageraban el tipismo hispánico, abusando, en algunas ocasiones, de falsos tópicos.

En 1914, nacía la Barcinógrafo bajo el auspicio de la Liga Regionalista. Y, si bien adoptó inicialmente, la costumbre de reinterpretar a los clásicos, también introdujo firmas propias, como el Misteri de dolor, de su fundador Adrià Gual. Con el tiempo, proliferaron más productoras, como Studio Films (1918); Madrid Cines (1919)4 o; Film Española (1922).

Los primeros años del cine mudo español

En 1914, Barcelona es el centro de la industria cinematográfica del país. Se inicia el predominio de las llamadas «españoladas», que exageraban el carácter español, y que habría de durar hasta la década de 1980. El término ‘españolada’ procede del francés y se aplica a las visiones tópicas sobre la cultura española popularizadas por la Carmen de Merimée y Bizet. Se suele asociar al drama o la comedia rural andaluza, el bandolerismo, la copla, etc. pero de forma más general cabe aplicarlo a cualquier visión tópica de las diversas regiones españolas.

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También se realizan dramas históricos, como “Vida de Cristóbal Colón y su descubrimiento de América” (1917) del francés Gerard Bourgeois, adaptaciones de folletines como “Los misterios de Barcelona” (1916) de Joan Maria Codina, obras teatrales como la de “Don Juan Tenorio” de Ricardo Baños, y zarzuelas. El mismo Jacinto Benavente, quien diría que “en el cine me pagan los desperdicios”, rodó versiones de sus obras teatrales.

Entre los directores que merecen cierta atención, sobresalen José Buchs y Benito Perojo. A Perojo en particular, se le debe la importación de técnicas cinematográficas foráneas, pero también, la adaptación española de un estereotipo social: Peladilla, una imitación del Charlot de Chaplin pero impregnado de quijotismo. Eso sí, el personaje ideado por Perojo fue poco más que un producto publicitario para promocionar a la productora, Patria-Films (fundada por Julio Roesset en 1915).

Los filmes más significativos de Barcelona durante los primeros años del cine mudo (1902-1912)

Comedias:

  • 1905-Los guapos de la Vaquería del Parque.
  • 1906-Cerveza gratis.
  • 1908-Los competidores, Guardia burlado, El moscardón, Por un ratón y Los primeros calzoncillos de Toni.
  • 1909-Baño imprevisto.

Dramas (adaptaciones literarias):

  • 1907-Terra Baixa de Guimerà.
  • 1908-Maria Rosa de Guimerà (dirección técnica de Gelabert, artística de Joan M. Codina).
  • 1909-La Dolores de Feliu i Codina.
  • 1909-Amor que mata de Josep Vives.
  • 1909-Guzmán el Bueno (Gelabert, Jiménez)

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El cine español de los años 20’s

A principios de la década siguiente, el documental y el cine de ficción se disputan el medio. En 1920, el Ministerio de Guerra produce “España en Rif”, mientras la Gaumont barcelonesa rueda “Los sucesos de la zona de Melilla”.

07Con el colonialismo del siglo XIX, Marruecos cayó bajo el influjo de las principales potencias europeas. En su deseo por unir sus dominios argelinos con los del África sahariana, Francia amenazaba con poner en peligro el dominio británico de Gibraltar, por lo que el Reino Unido se decantó por favorecer los intereses españoles en el norte de Marruecos. Por la Conferencia de Algeciras, sancionada en 1906, los británicos reservaban a España el septentrional Rif. Animada por sus intereses mineros, España reforzó la vigilancia de la región. Los rifeños reaccionaron con encono y derrotaron a los españoles en Annual, en 19211.

Las causas de la derrota militar se debatieron en el Congreso. El “Expediente Picasso” relataba los hechos y revelaba graves errores tácticos. El golpe de Estado que el General Miguel Primo de Rivera dio el 13 de septiembre de 1923, evitó, sin embargo, que éstos salpicasen al Alto Mando. El desembarco de Alhucemas, capitaneado por el General José Sanjurjo bajo las órdenes del dictador vino a pacificar el territorio. 08

Los filmes antes enumerados se difundieron con el propósito de prestigiar al Ejército español y, en especial, a su nuevo cuerpo militar de elite: la Legión, fundada por Millán Astray el mismo año del estreno de “España en Rif” Más tarde, el dictador se puso al frente de la Capitanía General de Cataluña y se granjeó el apoyo de la Liga Regionalista. Se trataba, en suma, de imponer su autoridad en la región. No es extraño, pues, que la industria cinematográfica se desplazara a Madrid y a Valencia. A partir de ese momento, el cine español recuperó costumbres y tipos populares, aunque, a decir verdad, no estuvo exento de crítica político-social. Así, “La aldea maldita” (José Buchs, 1930) o “La malcasada” (Francisco Gómez Hidalgo, 1927) retratan con maestría a toda una sociedad. El filme de Buchs revela los sinsabores que la escasez provoca en una pobre aldea castellana, todo un símbolo de las desigualdades económico-sociales  existentes entre el campo y la ciudad. Gómez Hidalgo, por su lado, pone en entredicho el Proyecto de Ley sobre el divorcio. En resumen, la filmografía del período tuvo un trasfondo social muy intenso, porque constituía una antítesis del ordenamiento vigente, aunque no siempre era del gusto del régimen “primorriverista”.

El nacimiento del cineclubismo en España

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El cineclubismo  en España merece una especial atención. En 1928, Ernesto Giménez Caballero y Luis Beluga fundan el primer cineclub en la Residencia de Estudiantes de Madrid. La Residencia fue uno de los principales centros de intelectuales en España. Algunas personalidades de relevancia estuvieron allí. Entre otros, Federico García Lorca, Luis Buñuel, Salvador Dalí o Severo Ochoa.

La revista que promovió el gusto por el cine fue La Gaceta Literaria (1927-1931). Nombres como el de Luis Buñuel o Ernesto Caballero poblaron sus páginas.

10El segundo cineclub estuvo dirigido por Josep Palau, cuyo medio de expresión fue la revista Mirador (1929-1936). Ellos representaban la alternativa a la amenazadora vulgarización que impone todo medio de comunicación popular.

 

El filme “Nobleza baturra” (Juan Vila Vilamala, 1925) es un ejemplo del éxito inmediato del Séptimo Arte. Para 1928, Madrid ya era el primer centro industrial fílmico, con 144 de los 28 títulos existentes. Ese mismo año Francisco Elías Riquelme rueda “El misterio de la Puerta del Sol”, la primera película sonora del cine español. El drama rural “La aldea maldita” (1930) de Florián Rey se convierte en un éxito en París, donde, al mismo tiempo, Buñuel y Dalí estrenaban “Un perro andaluz”.

La llegada del sonido al cine español

Con todo, el Cine Español tropezó en su camino con un nuevo obstáculo: la sonorización. El primer filme sonoro fue “El cantor de jazz” (Alan Crosland, 1927). Hollywood no tardó en obtener rentabilidad de esta innovación técnica, conquistó mercados como el latinoamericano. Se doblaron películas a multitud de lenguas, pero en territorio propio.

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En España, se desencadenó una nueva invasión de filmes extranjeros, pero esta vez más dañina, si cabe, dado que al llegar doblados a la lengua vernácula, los estudios de grabación corrían el peligro de desaparecer.

A fin de subsanar la colonización extranjera, el gobierno de la República convocó el I Congreso Hispanoamericano de Cinematografía (1931). Algunas de las propuestas enunciadas fueron las siguientes:

  • Protección estatal del cine de cada una de las cinematografías de los países implicados.
  • Sonorización al español en estudios propios.
  • Exhibición de un número mínimo de filmes españoles e hispanoamericanos.
  • Creación de un cine cultural.
  • Preservación de la pureza del idioma.

La caída del cine español

En 1931, la llegada de producciones extranjeras con sonido hunde la producción nacional, que se reduce únicamente a cuatro títulos. Al año siguiente, Manuel Casanova funda la Compañía Industrial Film Española S.A. (CIFESA), la productora más importante que jamás haya tenido el país y considerada como derechista. Durante ese años se ruedan 6 películas, incluida la primera película de Luis Buñuel en España, de carácter documental, “Las Hurdes, tierra sin pan”.

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En 1933 se habían rodado ya 17 películas (4 en 1931, 6 en 1932 y 7 en 1933), y en 1934, 21, entre las cuales está el primer éxito del cine español sonoro “La hermana San Sulpicio “(1934) de Florián Rey. La producción de filmes iría ascendiendo hasta las 24 películas rodadas en 1935. En estos años se consolidaron productoras y directores de películas que obtuvieron una importante aceptación popular, como Benito Perojo, a quien se deben “El negro que tenía el alma blanca” (1934) y “La verbena de la Paloma” (1935), el mayor éxito del cine español de este período; o Florián Rey que se ocupa de la dirección de “La hermana San Sulpicio” (1934), “Nobleza baturra” (1935) y “Morena Clara” (1936). Este podría haber sido el comienzo de la consolidación de la industria cinematográfica española, pero el inicio de la Guerra Civil aborta los pequeños avances de la cinematografía de la Segunda República.

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El cine de la guerra civil española

14La Guerra Civil Española fue un conflicto social, político y bélico —que más tarde repercutiría también en una crisis económica— que se desencadenó en España tras el fracaso parcial del golpe de Estado del 17 y 18 de julio de 1936 llevado a cabo por una parte del Ejército contra el gobierno de la Segunda República. Con el desencadenamiento del conflicto fratricida, la industria cinematográfica nacional sufrió un duro revés. No obstante, la rivalidad que ambos bandos se profesaron mutuamente, alentó la producción de películas con un fuerte contenido ideológico y una clara finalidad propagandística, sobre todo, a partir de 1937. “Barrios bajos” (Pedro Puche, 1937) retrata cómo las divisiones que evidenció la izquierda tras los hechos de mayo de aquel año en Barcelona ensombrecieron la lucha por un ideal común. Pero no todo fue negativo, porque el “antifranquismo” militante se expresó a través de la defensa de los valores del proletariado, entre otras cosas, cuestionando las tradicionales estructuras sociales.

El Sindicato de la Industria del Espectáculo de la CNT-FAI, –al que se hace alusión en la película “Las bicicletas son para el verano” (Jaime Chavarri, 1983) –, fue desde sus orígenes el máximo órgano de difusión del ideario anarquista. “Castilla se liberta” (Adolfo Aznar, 1938) es uno de tantos ejemplos del activismo propio de un ideal de inspiración popular. Este filme, en particular, demuestra que la colectivización de las tierras se podía haber llevado a cabo en su momento –de no haberlo impedido, evidentemente, intereses partidistas, de uno u otro color–.

El comunismo, sin embargo, aun en su vertiente más revolucionaria se alejaba de los postulados del anarquismo más combativo, limitándose a criticar, como mucho, decisiones políticas de alcance internacional.

Por otro lado, en la España franquista, se creaba el 18 de noviembre de 1937, la Junta Superior de Censura Cinematográfica (en adelante, Departamento Nacional de Cinematografía). Por Orden Ministerial, el 2 de noviembre de 1938, se establece en Sevilla el Gabinete de Censura Cinematográfica.

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El cine de la posguerra española

Como era de esperar, la censura fue el paso previo a la exaltación de la gesta militar del general Franco y de sus acólitos. “Romancero marroquí” (1938-39) es una alabanza de las costumbres y tradiciones de este pueblo magrebí, cuyas tropas regulares prestaron su apoyo al general insurgente para derrocar al gobierno de la República. Una vez que la Guerra Civil española se internacionalizó y Franco contó con la colaboración de Hitler y de Mussolini, el cine franquista desacreditó denodadamente al bando derrotado. En el nuevo régimen, se instaura la censura y se impone la obligatoriedad del doblaje al castellano de todas las películas estrenadas en territorio nacional.

16Destacarían directores como Ignacio F. Iquino (El difunto es un vivo, de 1941), Rafael Gil (Huella de luz, de 1941), Juan de Orduña (Locura de amor, de 1948), Arturo Román, José Luis Sáenz de Heredia (Raza, de 1942, con guion del propio Franco) y, sobre todo, Edgar Neville (La torre de los siete jorobados, de 1944). También puede destacarse Fedra (1956) de Manuel Mur Oti. CIFESA se impone como la productora más rentable de la época, cuyos largometrajes inspirados en episodios o personajes de relevancia histórica obtienen el beneplácito de las autoridades y a menudo el respaldo del público. En la década de los cincuenta nacen dos importantes festivales de cine en España: el 21 de septiembre de 1953 nace el Festival de Cine de San Sebastián sin sufrir ninguna interrupción desde entonces, y en 1956 tiene lugar la primera Semana Internacional de Cine de Valladolid o Seminci. Por su parte, “Marcelino pan y vino” (1955) de Ladislao Vajda es la primera película española a obtener el reconocimiento de la crítica y del público a nivel mundial, llegando a ganar el premio Oso de Plata de mejor director en el Festival de cine de Berlín y desataría una moda de niños actores, de la que formarían parte las películas protagonizadas con gran éxito Joselito, Marisol, Rocío Dúrcal y Pili y Mili. Con esta película (aparte de otras), la glorificación del pasado se complementará con la exaltación religiosa.

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Editor: Jonás Axel

Fuente: Manila-Cervantes, Cine Historia, Historia ilustrada del cine español, El cine español entre 1896 y 1939, Historia del cine español, Un siglo de cine español, Wikipedia.

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