FILMOTECA: 10 PELÍCULAS PARA ENTRARLE A INGMAR BERGMAN

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Y Ingmar Bergman fue guionista y director de teatro y cine sueco, considerado uno de los directores de cine clave de la segunda mitad del siglo XX, y es para muchos, el más importante productor de la cinematografía mundial. Su cine se destaca por el gran sentido plástico, casi pictórico, y el aprovechamiento de las posibilidades del blanco y negro. Sus películas giran en torno a una serie de temáticas constantes, en especial la muerte, el amor y la religión, marcadas por las preocupaciones existencialistas del autor, y abordadas con un tono metafísico y unos diálogos intensos. Con motivo del aniversario de su nacimiento, en Film Fellas Club nos hemos propuesto elaborar una guía de algunas de sus mejores películas que permitan al público en general dar un primer paso para conocer la obra de este gran maestro y así poderlos motivar a ver el resto de su increíble y basta filmografía. Además de esto, si desean conocer más sobre la vida y obra de Ingmar Bergman, los invitamos a que sigan los hipervínculos (los textos subrayados) y seguramente se llevarán más de una sorpresa.

10. Fanny y Alexander (1982)

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Cine y miniserie de la televisión sueca que es considerado el adiós oficial de Bergman a la gran pantalla. El filme fue concebido originalmente como una película de 4 partes para televisión y editada en esa versión, con una duración de 312 minutos. Posteriormente se produjo una versión de 188 minutos para proyección cinematográfica, y fue la que de hecho se estrenó primero. “Fanny y Alexander” es un drama ambientado en la primera década del 1900 y narra en tres actos y un epílogo la travesía existencial de Alexander Ekdhal y de su hermana Fanny. Bergman reconoció en su autobiografía que en esta película hay mucha de su historia y, además, lo planeó como el último largometraje de su carrera, antes de comenzar a trabajar en producciones televisivas. Esta cinta fue la que más éxito le reportó en Estados Unidos, donde logró cuatro premios Oscar, incluyendo el de mejor película extranjera. Su habitual melancolía e intensidad emocional, están presentes en esta gran producción. Debido a todo lo anterior, el filmen es un resumen de toda la obra de Bergman, una mezcla de autobiografía y ficción, en donde la infancia y la inocencia perdida por la fuerza, los usos sociales, la vanidad, el amor, la amistad, la familia, el mundo adinerado y el teatro, se dan cita para crear la película más popular del cineasta sueco entre espectadores de todas las generaciones. Todo el filme está impregnado, ya desde el comienzo, de una atmósfera siniestra. Lo siniestro se le va apareciendo a Alexander en varias formas en cada una de las tres casas en las que vive: ya sea bajo apariencia de personajes siniestros (el cura, ser andrógino que infunde cierto terror a Alexander o Elsa, la hermana del cura que está postrada en un sillón y enferma), ya sea en forma de objetos inanimados que parecen cobrar vida (los autómatas que se nos muestran en la primera escena del filme, o el espectáculo que observa lleno de terror en casa de su tío Isak que está llena de títeres), o ya sea también en forma de fantasmas (Alexander cree haber visto y hablado con las niñas ya muertas que vivían en casa del cura). Sus casi tres horas (en versión íntegra) proporcionan al espectador un placer incomparable, intelectual y sentimental que supone cerrar todo un ciclo en cuanto a la manera de narrar, temática y estilos, finalizando todo con una búsqueda de la esencia, de lo aprendido y de las bases de un cine que será siempre eterno.

9. Gritos y Susurros (1972)

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Su estreno constituyó uno de sus mayores éxitos de crítica y público en Europa, y es el filme de madurez más celebrado de su director en dicho país junto a “Sonata de otoño” (1978) y “Fanny y Alexander” (1982). Feroz diatriba sobre la muerte y la incomunicación, sobre el valor de la vida y las convenciones sociales siempre castradoras, es uno de esos filmes más difíciles de olvidar. La trama de la película gira en torno a los últimos días de vida de Agnes, una enferma de cáncer, que está siendo cuidada por sus hermanas Karin y María y la sirvienta Anna. El filme es considerado como el mejor en el Bergman hace uso del color, rojo y blanco sobre todo, como medio de expresar los sentimientos que invaden a las protagonistas; por su fascinante empleo del tiempo, en el que se mezclan sabiamente presente y pasado; y por ser una de esas pocas, pero interesantísimas películas, en las que los silencios, grandes y terribles, significan mucho más que las conversaciones, cortas y frías. De todas las películas del sueco Ingmar Bergman, quizás “Gritos y susurros” sea la más impactante, por su tema de dura humanidad, por su planteamiento formal. Es una película cruel y sublime. El cruce de las imágenes es muy característico de Bergman: luces y sombras se alternan para crear una iluminación indirecta, como en los días nevados. El tema de la película pudiera ser banal si no estuviese planteado con la complejidad psicológica del autor sueco. Un sueño, una esperanza, el temor ante la muerte de Agnes, sufrido por todas y padecido por la hermana en trance de morir, se expresan en cuadros de rojo diverso, yuxtapuestos con el juego de la memoria de los protagonistas: Esa memoria que son las grietas del olvido, dan pasó al remordimiento. Bergman dijo, quizás en broma, que el interior del alma es una membrana húmeda de matices rojos La película obtuvo el Premio Oscar a la mejor fotografía.

8. Como en un espejo (1961)

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Reflexión sobre la verdadera incomunicación, la fragilidad del ser humano y la incertidumbre, constituyó el inicio de la discutible trilogía sobre la existencia de Dios y la incomunicación entre éste y el ser humano que completan Los comulgantes (1962) y El silencio(1963). La película retrata dolorosamente el estado mental perturbador y fascinante de Harriet Andersson, en una de sus mejores interpretaciones. El título del filme “Como en un espejo” es una cita de la Primera Carta del Apóstol San Pablo a los Corintios: “Pues ahora vemos de un modo oscuro, como en un espejo; pero entonces veremos cara a cara. Ahora conozco sólo de modo fragmentario; pero luego conoceré así como soy conocido”. El tema es aquí, de nuevo, la cuestión central de Bergman en esta época: ¿Hay un Dios? Pero es también una película sobre las relaciones interpersonales. La estructura, elegida muy conscientemente del movimiento alemán Kammerspielfilm, indica esta intención. Del miedo generalizado descrito en “El séptimo sello”, Bergman pasa a los problemas especiales de un pequeño grupo, de la familia. Sus cuatro personajes son como los instrumentos de un cuarteto y toda la película consiste en las relaciones entre ellos, que surgen o simultánea o sucesivamente. Ya que la piedra angular del universo bergmaniano es la mujer, es natural que todo parta de ella. Karin es una mujer de enorme fragilidad, hija de una enferma mental y sometida a problemas hereditarios. Es víctima de esquizofrenia. Pero el caso patológico tiene una dimensión moral. Karin es la prisionera de su familia. Está decepcionada por la frialdad de su esposo, por el egoísmo de su padre, del que sabe que es un fracasado, de la juventud de su hermano, ocupado con sus problemas de la pubertad. Su sensibilidad, reforzada por la enfermedad, la lleva a buscar contacto con los otros. Se ha refugiado en el sueño de un Dios del Amor y choca contra el muro de las palabras y de los gestos insuficientes y, finalmente, entregándosele a Minus, su hermano, intenta romper la soledad y el silencio que la circundan. Si la locura de Karin es muy realista, tiene, sin embargo, carácter simbólico. Es el motor de la crisis en que se encuentran las cuatro personas. Con este filme, Bergman ha querido trasladar sus vivencias metafísicas a la pantalla grande. La relación Dios-crisis existencial-muerte es un ámbito donde el cineasta se maneja a placer. Traslada las sensaciones agridulces del espectador hacia el plano dónde él se siente más cómodo. El resultado es la total compenetración en el sufrimiento ajeno y las preguntas/dudas que hasta hoy el hombre suele hacerse.

7. Un verano con Mónica (1953)

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Este film supuso el descubrimiento parte de la crítica francesa a la obra de Bergman, y lo cierto es que resulta esencial en su filmografía. Con una escena amorosa polémica para su tiempo y un retrato humano de gran calidez, fue el primer papel importante de Harriet Andersson, su pareja y una de las actrices fundamentales. Su argumento gira en torno a la fuga de una pareja a través de un viaje en barca que, en un principio, resulta idílico, hasta que los problemas se suceden. Un “Verano con Mónica” nos propone un Bergman muy alejado de posteriores obras maestras no solo en cuanto a temático sino también en estilo. De hecho una de las grandes virtudes del film, que justifica con creces su fama de ser una de las primeras películas modernas de la historia del cine, es el estilo tan libre y espontáneo (que no por ello descuidado) del que hace gala, que se corresponde con el tipo de relación que nos está describiendo. El filme uno de los mejores retratos que se han hecho sobre el amor fugaz de juventud destinado a fracasar y sobre el difícil paso de la adolescencia a la edad adulta. Gran parte de lo mejor de los siguientes años en el cine europeo, de lo más certero y lúcido, debe su inspiración a una película que debe verse varias veces antes de hacer una road movie de dos amantes insensatos. Bergman llevaba a cabo un ensanchamiento tremendo de su talla artística casi sin proponérselo, sin el menor divismo, siempre agazapado y humilde. Ver “Un verano con Mónica” es ver un pedacito de la historia del cine que avanza hacia nuevos territorios, siempre respetuoso con el pasado, pero capaz de ignorarlo lo suficiente como para conquistar nuevas formas. Todo un triunfo

6. El Silencio (1963)

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Con este filme, Bergman cierra su trilogía sobre Dios e introduce algunos elementos simbólicos clave en la filmografía posterior del director, por lo que podemos decir que clausura un ciclo de su cine abriendo otro. Fue una de sus obras más aplaudidas y más crípticas, con la magnífica pareja: Ingrid Thulin y Gunnel Lindblom. El filme cuenta la historia de Esther y Anna son dos hermanas que viajan de vuelta a Suecia con Johan, el hijo de Anna. En su trayecto, el tren parará en un extraño lugar de ignoto idioma, alojándose el terceto en un solitario hotel. Bergman muestra en “El Silencio” cómo es el mundo cuando el silencio de Dios, sentido tan intensamente en su obra de los años cincuenta y sesenta, no se compensa con el amor, cuando entre los hombres no se establece ninguna conexión por medio del amor. Ninguna otra película de Bergman ha escandalizado tanto como ésta. En muchos lugares estuvo prohibida y en otros (incluso en Suecia misma) se exhibió con escenas censuradas. Este escándalo llevó al gran éxito de taquilla a una película que, normalmente, sólo unos pocos hubieran apreciado, por su intensidad, concentración y dureza. Tan radical como los cuestionamientos de la película son los medios estilísticos utilizados por Bergman. Con su habitual composición fílmica, cuya intrincada puesta en escena se encuentra en plena conexión con su compleja perspectiva de la naturaleza existencial, espiritual y metafísica del ser, sea en contacto con sus semejantes o con la figura probable de un silencioso creador, Bergman ahonda en la falta de comunicación humana, el deseo de la misma, la alienación personal, la soledad y la ausencia de un nexo religioso, junto a agonías y desenfrenos de cariz sexual, bases de esta pesimista película, aposentada en la confrontación psicológica de dos hermanas muy diferentes. “El Silencio” es una película en la cual la creación bergmaniana de una forma visual libre alcanza un insólito y altísimo nivel.

5. Fresas Salvajes (1957)

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Con una escena que ha pasado a la historia del cine, memorables interpretaciones, flashbacks no exentos de fascinación y la presencia de Ingrid Thulin y del director de cine sueco, Victor Sjöström (El viento) como actor protagonista. Bergman se interna ya en la meditación sobre la madurez, el sentido de la experiencia y de la vida, la filosofía de la vejez, el tiempo como (propia) incomunicación con uno mismo, y por supuesto las relaciones paterno-filiales. La historia relata el viaje del anciano profesor Isak Borg desde Estocolmo a Lund en compañía de su nuera y tres jóvenes, y durante el cual reflexiona sobre la vida, la muerte y la existencia humana. Su título en sueco, “Smultronstället”, esconde una clave interpretativa que pasa desapercibida para el público no escandinavo: en Suecia suele decirse que “toda familia tiene un pequeño rincón de frutillas silvestres” en el sentido de que tiene un secreto oculto. Los temas básicos de este agridulce drama psicológico, con ligeros momentos de humor en la interacción entre el médico y su ama de llaves, son la vejez, el aislamiento y el trayecto existencial, la muerte, el amor, la vida, la redención, y los conflictos vitales que conforman nuestro presente. Ingmar Bergman tuvo la idea para la película cuando se detuvo en su ciudad natal, Upsala, durante un viaje de Estocolmo a Dalarna. Al llegar a casa de su abuela se imaginó si podría abrir la puerta y encontrar en el interior todo como estaba durante su infancia. El filme está considerado como una de las cintas más emocionales y optimistas del director sueco, tanto que el Vaticano la seleccionó como una de las cuarenta y cinco mejores películas de la historia del cine. Además de que a través de los años, la reputación de la película ha ido en aumento. En una encuesta de 2002 realizada por Sight & Sound, los directores Ken Loach y Jaco Van Dormael la situaron en su top 10 de los mejores largometrajes. Por su parte, en una entrevista en 1963, el cineasta Stanley Kubrick mencionó que “Smultronstället” era su segunda película favorita, mientras que Federico Fellini alegó en otra entrevista, ese mismo año, que era la única película de Bergman que había visto y que le fue suficiente para entender lo gran artista que era. La cinta sirvió como influencia para “Otra mujer” y “Deconstructing Harry” de Woody Allen. Por su parte, Steven Jay Schneider, la incluyó en su libro de las “1001 películas que hay que ver antes de morir”.

4. La Hora del Lobo (1968)

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Drama con resonancias del cine de terror, muy críptica pero conseguida, aunque a ratos desconcertante, parece que crítica y público estuvieron muy divididos en su momento: obra maestra u obra menor, según gustos. Esta enigmática película de Ingmar Bergman, junto con “Persona”, de 1966, es una de sus obras más controvertidas. El argumento se centra en Johan Borg (Max Von Sydow), pintor en crisis creativa, y su esposa Alma (Liv Ullmann), quienes se trasladan temporalmente a una casa situada en una apartada isla, en donde serán invitados al castillo del barón Von Merkens (Erland Josephson). La hora del lobo (Vargtimmen) es tal y como señala su protagonista, esa hora del día en la que más gente muere y más niños nacen, aquella en la que los sueños se tornan en pesadillas. En conclusión podríamos decir que nos encontramos ante una película de horror, probablemente la más sombría y turbadora de toda la filmografía bergmaniana. Un filme en la que el cineasta sueco reflexiona sobre las relaciones destructoras que se establecen entre el artista y su insaciable público. Pero también una reflexión sobre el poder de los medios, sobre el cine dentro del propio cine, que obliga al espectador a replantearse constantemente el hilo argumental sobre el que se sustenta el guión y nos muestra símbolos que posteriormente se desenlazan en el reflejo de ideales humanos, temores y angustia existencial.

3. El Séptimo Sello (1957)

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Obra maestra absoluta según la crítica y el público casi desde su estreno y éxito internacional destacado. Supone la aparición e interpretación de sus queridos Max von Sydow y Bibi Andersson. La película narra la historia de un caballero que regresa a su tierra después de participar en la guerra, pero un misterioso ser encapuchado (la muerte) le dice que sus días han acabado. Ambos se enfrentarán en un desafío de ajedrez, del cual pende la existencia del hombre. El propio Bergman consideró esta película como el inicio de su estilo más personal, dejando atrás una etapa algo más “imitativa” y de aprendizaje. El título de esta obra moral de Ingmar Bergman (extraído de su propia obra teatral “Pintura en madera”), fue tomado del libro del Apocalipsis de San Juan. “Pintura en madera” fue una obra dramática que escribió para trabajar con sus alumnos de interpretación. El argumento transcurre en dos planos, el real y el alegórico. Todas las escenas, a excepción de dos, fueron filmadas dentro y en los alrededores de los estudios Filmstaden en Solna y en alguna ocasión es posible vislumbrar apenas en los filos de los fotogramas alguna casa de la ciudad. Las dos escenas que no fueron filmadas en los estudios; la escena inicial con el caballero y la Muerte jugando ajedrez en la playa y la escena final con la Danza Macabra, fueron filmadas en la reserva natural Hovs Hallar, una rocosa y precipitada playa en el área noreste de Escania. La cinta fue realizada con un muy bajo presupuesto y en 35 días de rodaje, y en ella el director intenta plasmar aspectos complejos de la práctica religiosa y la persecución, basados en sus propias cavilaciones y dudas sobre la existencia de Dios. Si bien “El séptimo sello” triunfó por la originalidad de su argumento, era, en realidad, la muestra de madurez de un estilo edificado a lo largo de once años. La película es considerada un gran clásico del cine universal. Ayudó a Bergman a establecerse como un director de renombre; además, contiene escenas que se han convertido en ícono debido a que han sido parodiadas u homenajeadas a lo largo del tiempo.

2. Sonata de otoño (1978)

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Única ocasión en que dos de los mayores mitos del cine sueco compartieron cartel: Ingmar e Ingrid Bergman. Esta película ha alcanzado el rango de mítica, se ha versionado-homenajeado-copiado libremente en multitud de ocasiones, sin hacerle sombra. La historia nos narra la relación de Charlotte (Ingrid Bergman), una famosa pianista y una madre quien, tras siete años de ausencia, y tras perder a Leonardo, su compañero, decide visitar a su hija Eva (Liv Ullmann). Ésta se prepara con agitación y alegría para recibirla en su casa, la vicaría en la que comparte su vida con el pastor Viktor (Halvar Bjork), y cuidando también a su hermana Helena (Lena Nyman), también hija de Charlotte, aquejada de una grave enfermedad degenerativa. Eva y Viktor sufren también la tragedia de haber perdido a su hijo de cuatro años al ahogarse en un río cercano tras un descuido de Eva. Es interesante para comprender la película, y la obra de Bergman en general, consultar lo que fue la relación de Ingmar con Ingrid desde que el primero escribió el primer borrador del guión de la película y se lo envió a la actriz. Ingmar Bergman, siempre admirado, y nunca discutido por sus colaboradores habituales, encontró en Ingrid Bergman justo todo lo contrario. Tanto Ingrid Bergman como Liv Ullmann como Lena Nyman brillan como personajes envueltos en una trama principal tan sencilla como asfixiante: la posesividad familiar. Pocos duelos interpretativos femeninos resuenan en la memoria como el de Ingrid y Liv, y pocas películas han conseguido poseer tal conjunto de matices que se va ampliando conforme pasa el tiempo. La película fue galardonada con el Globo de Oro a la mejor película extranjera. Fue también candidata a dos premios Oscar, en la categoría de mejor actriz protagonista (Bergman) y al mejor guion original, aunque finalmente no obtuvo ninguno. Con premio o sin él, este título corona la filmografía de su director.

1. Persona (1966)

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Es considerado uno de los filmes más enigmáticos del autor, pero también reconocido como uno en el que Bergman puso especial cuidado en toda su realización y con el que logró importantes innovaciones estilísticas. Además de que supuso el inicio de su colaboración con Liv Ullmann y la ruptura del sueco con el clasicismo cinematográfico (en su versión personal y muy elaborada ya). Innovadora y experimental, la crítica se rindió con esta historia de superación de la joven protagonista que pierde la voz en el teatro. Un drama de tinte psicoanalítico y con una estructura desafiante para el espectador. La película narra de una actriz que perdió la voz y que debe aislarse en la costa -por recomendación de su psiquiatra- bajo el cuidado de una enfermera. La intimidad que se genera entre ambas, las lleva a experimentar una agobiante tensión psíquica, a la vez que se tocan temas como la maternidad-aborto y el sexo. El título del filme hace referencia a las máscaras de teatro que se utilizaban en la antigüedad clásica, y es que el tema de la “mascarada social” resulta fundamental en la película que ahora nos ocupa, un tema que el propio Bergman ya había tratado bajo planteamientos estéticos completamente distintos en “El rostro” (1958). Aunque en principio el filme iba a ser titulado “cinematografía” lo que nos habla claramente de las intenciones de Bergman de crear una obra basada en la ilusión y el artificio. En conclusión “Persona” es más que una auténtica obra maestra. Es además uno de los filmes más bellos, inquietantes, personales y fascinantes del séptimo arte. Llegó en una década en que las grandes figuras del cine de autor se decantaron en proyectos muy personales con el arte como eje común: “Ocho y medio” de Fellini, “Andrei Rublev” de Tarkovski son los mejores ejemplos. En “Persona”, pareciera que no es Bergman quien nos habla, sino el cine mismo cuestionándose su existencia, naturaleza y razón de ser. Y al mismo tiempo, nos recuerda porqué es que estamos sentados frente a la pantalla, dejándonos extasiados.

Si le gusto esta nota y quieren conocer más sobre el cine de Europeo, los invitamos a que no se pierdan el próximo episodio de Cine Monchis, en donde Melissa de Cima recomendará un filme bastante influenciado por la obra de Bergman.

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Autores: Jonás Axel, Oscar Romano, Luis Alberto Álvarez, Alejo Urdaneta, Sergio R. Bárcenas Huidobro, Ricardo Pérez, Sara Rodríguez Mata & Dorian Iktum.

Fuente: Taste of Cinema, IndieWire, El Palomitron, Emol, Blog de cine, El Gabinete del Doctor Mabuse, Wikipedia, Sisifo, Cineocho, UV, Artesanos Literarios, Aloha Criticon, Cinefania, Cine y psicología & 35 Milímetros.

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